Democratización del conocimiento y políticas públicas en ciencia y tecnología.
Por:Carlos Genatios y Marianela Lafuente
No siempre los poderosos respetan principios éticos, especialmente en las situaciones apremiantes. La ética es una necesidad para los oprimidos y una opción para los poderosos, pero, sin firmes principios éticos, no lograremos nunca transitar la actual prehistoria de la humanidad.
¿Ética en ciencia y tecnología?
Las guerras han demandado tecnología; han requerido de los mayores esfuerzos de destacados científicos para aplicar el conocimiento en instrumentos destructores. La bomba atómica, los submarinos, los misiles, y otras tantas maravillas tecnológicas alimentaron los cementerios en el siglo XX. Más triste aún es darnos cuenta que, a inicios de este nuevo milenio, la intolerancia y la irracionalidad han dado ya muestras de no querer abandonar a la humanidad, y manchan desde ya el inicio del siglo, acompañándolo de los más espeluznantes desarrollos tecnológicos.
En sentido inverso, las catástrofes naturales han impulsado esfuerzos para comprender la naturaleza y sus mecanismos de acción. La geotectónica, la vulcanología, la oceanografía, la sismología, y otras tantas disciplinas científicas, han presenciado los devastadores efectos de la acción de la naturaleza, ante un hombre pequeño, sorprendido e impotente, que se crece por medio del avance de la ciencia en la comprensión de la naturaleza y en la organización de la vida urbana, de las construcciones, y de los materiales a fin de minimizar los efectos devastadores de los desastres naturales. Las catástrofes son desafortunadamente los laboratorios que mejor permiten hacer avanzar este conocimiento, y orientar los modelos de ocupación urbana.
En el primer ejemplo, la demanda de ciencia y tecnología la impone el hombre en su irracionalidad que lo lleva a destruir a su semejante, la demanda es la muerte. En el segundo caso, la demanda la impone el afán de superar las limitaciones que tiene el hombre en su paso por la Tierra, la demanda es la vida.
¡Vaya contraste ético en el empleo del conocimiento! No siempre los poderosos respetan los principios éticos, que supuestamente sostienen los ideales democráticos de igualdad, de desarrollo equitativo y de respeto a los derechos humanos, especialmente en las situaciones apremiantes. La ética es una necesidad para los oprimidos y una opción para los poderosos, pero, sin firmes principios éticos, no lograremos nunca transitar la actual prehistoria de la humanidad.
En distintas ocasiones, los organismos multilaterales han cuestionado la conveniencia de la financiación de programas en el área de Ciencia y Tecnología en los países en vías de desarrollo. El argumento básico, que se impuso a partir del consenso de Washington, es que la ciencia es muy costosa y requiere de grandes esfuerzos, y en consecuencia sólo se justifica en los países desarrollados, mientras que la tecnología es aportada gracias al libre mercado, en un mundo de economía globalizada.
Esta postura, al inicio de toda discusión, impone una discriminación que elimina tanto las posibilidades basadas en ciertas capacidades existentes o potenciales en muchos de los países del tercer mundo, así como, peor aún, cierra los ojos ante importantes desarrollos científicos y tecnológicos obtenidos por estos países. La orimulsión desarrollada en Venezuela, la tecnología del alcohol para los vehículos en Brasil, las distintas vacunas desarrolladas en muchos de los países latinoamericanos, no son sino una muy limitada muestra de esta extensa lista, la cual incluye, incluso, algunos premios Nóbel.
Esta postura termina estando al servicio de intenciones que buscan preservar el desconocimiento de las riquezas de nuestros países, como podrían ser los relativos a la biodiversidad, y de intereses que terminan aumentando las brechas ya existentes entre los países. Esto nos hace más vulnerables en las negociaciones con los poderosos. Las desigualdades en la distribución del conocimiento no hacen sino acentuarse cada vez más. Este también es un problema ético.
Las políticas públicas deben incorporar la atención a problemas fundamentales, principalmente en las sociedades necesitadas, lo que incluye las políticas que se ocupan de la Ciencia y la Tecnología (CyT). Éstas deben incluir elementos que impulsen la construcción de la confianza y la asociatividad, deben apuntar a la generación de pymes y empleos sostenibles, deben atender la generación de valor agregado alrededor de la exportación de materias primas, deben también estar comprometidas con la libertad de pensamiento sin que esto establezca prioridades con respecto a la atención de las necesidades fundamentales.
En el presente trabajo presentamos un análisis de lineamientos con profundo impacto en la democratización del conocimiento, a través de políticas públicas en Ciencia y Tecnología. Estas políticas públicas fueron implementadas en una ocasión, mediante la puesta en marcha del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Venezuela, creado en Setiembre de 1999 por los autores de este trabajo. Consideramos que contribuyen al fortalecimiento de las capacidades transformadoras de la población, estableciendo un marco de referencia generador de impacto en el crecimiento social y económico.
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Fuente
Documento incluido dentro de la Biblioteca Digital de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Etica y Desarrollo
Contacto
Carlos Genatios
Marianela Lafuente
E-mail: cgenatios@cantv.net
mlafuen@reacciun.ve
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