Entrevista con Alberto Olvera
Alberto Olvera es economista y sociólogo; director del Instituto de Investigaciones Histórico Sociales, de la Universidad Veracruzana de Xalapa (México), habla del papel de los movimientos sociales y de su relación con los medios de comunicación.
Entrevista realizada por Alejandro Jaramillo Hoyos y Nadia Rey Cobos, investigadores de la Iniciativa de Comunicación y del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura de la Universidad Nacional de Colombia. Publicada en U. N. Periódico, marzo de 2003.
IC: ¿Cuáles serán los puntos de partida para construir una agenda de investigación sobre cambio social en América Latina?
AO: Podemos interpretar la idea de transformación social de dos maneras: aquella que tiene que ver con los cambios económicos, demográficos, poblacionales -la urbanización, los efectos de la globalización en el perfil y las condiciones de trabajo-; y los propios de la composición de la población, que llevan a un envejecimiento relativo, con los problemas que esto plantea para las pensiones o en el perfil de la oferta educativa. Sobre esto se trabaja mucho, por fortuna, pero me interesa más una agenda de investigación centrada en temas poco abordados y que no han logrado el estatus y el reconocimiento académico. En particular, aquellos mecanismos de participación ciudadana, de ampliación de la esfera pública; formas en que la ciudadanía establece algún tipo de control sobre los gobiernos. Esta discusión tampoco tiene parámetros conceptuales claros, ignoramos cómo abordar la temática.
IC: En la construcción social, ¿son más importantes los medios o los espacios de participación?
AO: He tratado de explicar que esa visión pesimista, según la cual los medios de comunicación constituyen la única instancia colectiva y de experiencia, tiene un elemento de realidad. Hoy los ciudadanos de un país, generalmente, se encuentran solo en ese nivel; pero eso no significa que no existan otras experiencias localizadas e incluso que en un momento dado posean una importancia mayor.
Sabemos, desde los escritos de Jesús Martín Barbero, que la lectura de los medios está determinada por microexperiencias ancladas en lo local, incluso en lo privado; por consiguiente es necesario reconocer que este nivel de las vivencias seguirá siendo importante, aun en la interpretación de lo que se recibe por la vía de los medios de comunicación masiva; es más, si nos situamos en la escala de las transformaciones políticas a que aludí, es decir, en la idea de cómo democratizar los espacios públicos, es indudable que la reconstrucción de socialidades primarias, de formas de solidaridad en los espacios municipales y barriales, resulta imprescindible para fortalecer a la sociedad frente al gobierno.
Sin embargo, sería un error pensar que solo desde ese ámbito se puede cambiar la vida pública; la clave es ver cómo conectar esos microespacios con los medios de comunicación; creo que es en esta relación donde se juega mucho del futuro de la democracia en América Latina.
IC: ¿Los medios y la comunicación son herramientas clave para el cambio social?
AO: Claro, en lo que se refiere a cómo imaginar, cómo inventar esas formas de inserción de los niveles micro, intermedio y macrosocial, es decir, cómo hacer que movimientos y asociaciones civiles de diversa índole tengan acceso a los medios. Dentro de la variedad de alternativas según el contexto político nacional, figura la de crear leyes de acceso a los medios de comunicación, donde las organizaciones pueden reclamar su voz en ellos, sobre todo en los públicos. No obstante, esto es muy limitado, porque en casi todos los países los medios públicos son minoría, no tienen capacidad real de abarcar audiencias amplias y en la práctica han limitado mucho su influencia en términos de generar opinión pública.
Otros mecanismos son las radios comunitarias, televisiones populares, que de alguna forma también dan voz a los desposeídos y tratan de crear microesferas públicas de alcance local, regional y nacional. Son esfuerzos muy importantes, constituyen parte de una estrategia general que tiene que retomarse; pero su alcance en el horizonte de la audiencia es limitado. Finalmente, diría que hay que encontrar mecanismos que conecten a estos movimientos y actores sociales con las grandes cadenas de televisión y radio -nacionales o regionales- y con los periódicos.
En este punto nos acercamos a problemas graves: cómo se produce la noticia, cómo se conceptualiza y cómo se crea una agenda televisiva, de carácter informativo o de generación de opinión. Las cadenas privadas de televisión y de radio, así como los periódicos, tienen agendas determinadas por los estudios de mercado en relación con su audiencia y por una especificación de importancia de la noticia que, en general, responde a criterios de inmediatez, no de generación o análisis temático de problemas. Habría que cambiar esa lógica y hacer notar desde los propios movimientos sociales, que es vital considerar la investigación de los problemas como parte constitutiva de la agenda periodística.
Es obvio que este tipo de medios siempre considerará como sus interlocutores privilegiados al Estado, al Gobierno y a los actores políticos; la sociedad no desempeña tal papel sino en momentos de grandes movilizaciones colectivas.Entonces, saber cómo generar el reconocimiento de los medios de comunicación, y ver qué actores sociales civiles pueden ser sujetos de información y decir algo a la sociedad, es un reto formidable.
En Europa y Estados Unidos los movimientos sociales han establecido una agenda mediática; sus propias acciones se convierten en mensajes; el simbolismo de sus actos está perfectamente estudiado para que sea cubierto por la televisión y un público amplio pueda entender lo que se quiere decir. Encontramos allí interesantes estrategias adaptativas a esta lógica de organización de los medios.
Con todo, la respuesta más significativa sería que la producción de aquellos programas que por lo general se hacen desde los medios públicos o desde iniciativas universitarias o civiles pueda conectarse directamente con las cadenas de televisión privadas, a través de algún convenio en el que se apele a la responsabilidad social de los medios. Sin un arreglo voluntario de esta naturaleza será muy difícil lograr un verdadero acceso a dichos espacios.
Pero esto exigirá, y ese es el punto problemático, que la producción que venga del campo civil o del sector público tenga la calidad, el formato y la lógica que exige la televisión privada.
IC: ¿Y además un cambio en las lógicas de producción de los medios masivos?
AO.: Sí. Por ejemplo un canal privado reciente en México -el 40- transmite el noticiero de mayor teleaudiencia en el país y, sorprendentemente, han tenido éxito dando la noticia con un estilo radicalmente distinto al convencional; no se da solo la información, sino que se selecciona un cuerpo de noticias que inmediatamente se contextualiza, y se recurre siempre a expertos para hacer comentarios editoriales. Es un noticiero de 75 minutos, en el que cada noticia se acompaña de una investigación original. Aunque es un esfuerzo parcial, ilustra sobre un público que reconoce la pertinencia de este estilo de construcción de las noticias; un público clase A, de mayor ingreso y educación, que además tiene influencia política, que necesita y consume ese tipo de formato informativo. Es un proceso a largo plazo.
Una cuestión central es, entonces, analizar cómo aprenden los movimientos a construir noticias periódicamente, cómo hacer que no los olviden. Un caso ejemplar es el zapatismo en México. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional aparece y desaparece cada determinado tiempo; uno podría decir que esas fases de desaparición no son noticia y por consiguiente nadie habla de ellos; cuando vuelven tratan de hacerlo con una agenda específica de acuerdo con la coyuntura política del momento. Es una estrategia inteligente de permanencia en los medios sin saturación y en donde hay una renovación continua de la agenda.
IC: ¿Qué leyes o políticas de regulación sobre acceso público a los medios existen en México?
AO: De facto, esta figura legal existe en América Latina, que yo sepa, solo en Argentina. En casi todos los países europeos y en Estados Unidos hay, y se han traducido en medios públicos regionales y locales, televisiones de carácter público que ofrecen tiempo al aire a aquellos que lo demandan.
Naturalmente son fenómenos marginales y no tienen mucha audiencia, con la excepción, en Estados Unidos, de un radionoticiero matutino que enlaza todas las cadenas de radio públicas y es extraordinariamente escuchado.
De hecho, ha sucedido ya que programas producidos en la televisión pública en una escala artesanal, por su importancia o trascendencia logran llegar a ser transmitidos por las cadenas privadas, así sea parcialmente. Es esta posibilidad de ascensión de un medio regional a uno nacional lo que da importancia a esta forma de acceso a los medios públicos en estos países.
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