Televisión digital : nuevos formatos y nuevas audiencias
Resumen
Se han producido unos cambios tecnológicos en el sector audiovisual tan radicales que desembocan en una revolución, y no sólo en una evolución, de la televisión [1] . Se transforma el concepto tradicional de televisión generalista, dirigida al gran público, para llegar a una televisión con aires individualistas, diseñada para públicos concretos y con contenidos de cortes específicos, donde el receptor estrena un nuevo protagonismo hasta ahora no concebible en un medio tradicionalmente pasivo como es la televisión.
“Aunque no lo sepamos con certeza, se puede pronosticar que los efectos de transformación del mundo por la Revolución Interactiva serán equivalentes al desarrollo de la agricultura, veinte o treinta siglos antes de Cristo, que hizo que el hombre dejara de ser nómada y se convirtiera en sedentario. O comparable al estallido de la Revolución Industrial, que enterró la época feudal” [2] . Porque el desarrollo de la tecnología digital y su aplicación a los medios audiovisuales está revolucionando no sólo el mundo de la televisión a nivel tecnológico, se está imponiendo un cambio sociológico y cultural por la influencia que tiene en los aspectos más relevantes de los elementos básicos de la comunicación audiovisual.
“Aunque no lo sepamos con certeza, se puede pronosticar que los efectos de transformación del mundo por la Revolución Interactiva serán equivalentes al desarrollo de la agricultura, veinte o treinta siglos antes de Cristo, que hizo que el hombre dejara de ser nómada y se convirtiera en sedentario. O comparable al estallido de la Revolución Industrial, que enterró la época feudal” [2] . Porque el desarrollo de la tecnología digital y su aplicación a los medios audiovisuales está revolucionando no sólo el mundo de la televisión a nivel tecnológico, se está imponiendo un cambio sociológico y cultural por la influencia que tiene en los aspectos más relevantes de los elementos básicos de la comunicación audiovisual.
Textocompleto
Las fibras ópticas ofrecen no sólo la posibilidad de transmitir gran cantidad de información con más precisión y rapidez, además brindan un nuevo concepto de interacción entre el telespectador y el canal emisor. Las ventajas son tan evidentes que para el año 2012 está previsto que las transmisiones se realicen utilizando tan sólo el sistema digital, olvidando la tecnología analógica de la que se ha hecho uso hasta ahora.
No es sólo una evolución cuantitativa, mayor cantidad de canales [3] , es sobre todo una evolución cualitativa, una nueva situación del receptor, nuevos retos a tener en cuenta por parte de las empresas de comunicación y la definición de un nuevo profesional preparado para moverse dentro de las nuevas exigencias que imponen la “especialización” de canales, la “fragmentación” de las audiencias y el no poder olvidar a un auditorio que ha conquistado su derecho a seleccionar sus propios contenidos.
Pero la clave del éxito o fracaso de la introducción de las innovaciones está no sólo en el poder de adopción rápida de las nuevas tecnologías, sino, sobre todo, en la capacidad de llenar esos grandes espacios tecnológicos con una producción variada, de calidad, competitiva, para que pueda sobrevivir en el panorama de liberalización que se vislumbra, ya que si antes la escasez de frecuencias obligaba a un estricto control, ahora con las fibras ópticas y la tecnología digital la capacidad de multiplicar los canales se hace enorme y se adivina que quizá las únicas leyes que terminen imponiéndose sea las de las propias audiencias y la tiranía de sus gustos [4].
La nueva televisión que se avecina
En España hemos pasado en pocos años de la oferta de dos canales a la multiplicación de las emisiones televisivas. De la televisión Generalista a la televisión temática donde el elemento de selección y elección pasa de manos del emisor a ser parte de las competencias de una audiencia que tecnológicamente va a tener mucho más poder de participación.
Pero si el nacimiento primero de las televisiones autonómicas y posteriormente de los canales privados ponen en entredicho la supervivenica de la televisión pública que hasta ese momento no tiene que hacer frente a una competencia tan feroz, el nuevo panorama televisivo obliga a las empresas a subirse al carro tenológico no ya como opción a tener en cuenta, sino en una aptitud de obligada defensa ante la brutal lucha por conquistar audiencias y por el enfrentamiento a un receptor más selectivo, participativo, con mayores opciones audiovisuales.
La televisión en esta dura lucha por cotas de mercado está dejando de ser sólo un elemento de entretenimiento definiendo promesas de servicios añadidos, canales retorno, etc, en su diálogo creciente con el teléfono y el ordenador. Es el margen de diferencia que quieren añadir los nuevos agentes de televisión por cable en su ambición de crear un producto competitivo que sepa defenderse en una actualidad audiovisual difícil.
Pero pese al cambio tecnológico y a sus evidentes avances, se perfilan inconvenientes dentro de un mercado aún inmaduro para este tipo de productos. “Si algo caracteriza la evolución tecnológica en el sector audiovisual es el cambio acelerado a la tecnología digital, con una rapidez muy superior a la que el mercado puede aceptar” [5] . Se pone precio a un producto que el telespectador no está acostumbrado a pagar, se multiplica la necesidad de producción para llenar los grandes espacios televisivos, y se ponen trabas al acceso inmediato con las necesidades de cableado, televisores digitales, descodificadores, inversiones iniciales, etc.
Todos estos inconvenientes aumentan la necesidad de ofrecer una television lo suficientemente atractiva para motivar el esfuerzo inicial. Aún no está definido el número de canales ideal para formar parte de un paquete básico competitivo y a la vez rentable. Los productos más exitosos sin embargo, no hay duda que son los deportes, concretamente el fútbol [6] , los estrenos de cine, y ya en un escalón inferior los documentales, canales infantiles, canales musicales, toros, informática, etc.
Todo este panorama está influiyendo en la actitud a tomar por el resto del mercado audiovisual el “cable y la televisión digital _ por satélite y por estaciones terrestres_, están cambiando totalmente el mapa actual de la televisión generalista, y también la estrategia de la televisión pública, que tendrá que orientarse hacia un servicio público de calidad, centrado en la información, en la cultura, y en un entretenimiento competitivo, que no necesite recurrir a la telebasura para competir” [7] .
De un público local a un público universal
Destacar que cable y satélite son tecnologías que surgieron con espíritus muy diferentes, la televisión por cable surge de la mano de los llamados “vídeos comunitarios”, con ofertas audiovisuales muy restringidas, públicos básicamente de carácter local, evocando entornos cercanos física y culturalmente. El satélite, sin embargo, es un intento de acercar paisajes lejanos que no posibilitan las tecnologías tradicionales, dentro de la dinámica globalizadora a la que se tiende [8] . Con el nuevo panorama audiovisual ambas tecnologías se van acercando y complementando, por un lado el sistema de transmisión por cable añade la oferta temática del satélite y se beneficia empresarialmente de este elemento añadido, haciendo más competitiva su oferta y haciendo factible económicamente canales locales que de otra forma siempre resultaron deficitarios. Ahora el nuevo telespectador tiene acceso tanto a realidades locales y regionales, como a culturas alejadas muy diferentes a la suya, a través de la unión de tecnologías que pueden llegar a ser complementarias y que hacen posible a la vez acercar al espectador a su propia realidad más que nunca pese a tratarse de un fenómeno tecnológico encuadrado en el discurso de la globalización.
Si la televisión ha sido desde un primer momento un elemento de intercambio cultural [9] por su capacidad de situarnos en otros entornos, el fenómeno de especialización que se está produciendo en las nuevas ofertas audiovisuales unido a la multiplicaciçón de canales, hace posible la selección de contenidos e influencias dentro de nuestra línea cultural, nuestra lengua y acorde con intereses propios. Si ya no está la audiencia sometida a la tendencia homogeneizadora de la televisión generalista, a la influencia de la cultura mayoritaria, en relación a determinadas minorías de los paises se producirá una mayor lentitud en la adaptación a la cultura mayoritaria dado el papel determinante de los medios audiovisuales en este proceso [10] . Como sería el ejemplo del aprendizaje del idioma y parámetros culturales de los hispanos que viven en EEUU. Aunque por otra parte podemos saber más de las formas de vida de otros paises, acceder al conocimiento de otros idiomas diferentes al nuestro, preservar y comunicar las tradiciones locales.
De un público pasivo a un público interactivo: contra una cultura del consentimiento [11]
“Hay toda una tradición de reflexiones en la línea de que un medio frío como la televisión nos lo da todo hecho y deja poco espacio a la imaginación (McLuhan, 1964)” [12] . Pero probablemente estos autores darían un giro a sus teorías ante el nuevo panorama audiovisual que se empieza a definir.
Si “el actual modelo audiovisual, en el que se aprecia una profunda asimetría a favor de los agentes emisores, prácticamente ignora a las audiencias, más allá de su consideración estadística, que uniformiza en ejércitos de consumidores al 20 ó 30 por ciento de una población” [13] , el modelo que empieza a abrirse paso, impone la fuerza del receptor como propio creador de su programa, como elemento activo y participativo, técnica y culturalmente.
La posición de la audiencia cambia ante la nueva televisión [14] . No tenemos ya un público pasivo que se limita a recibir los contenidos que otros organizan por él. Estamos ante una televisión interactiva [15] , donde el abonado diseña su propia programación, una televisión a la carta que elimina los elementos de homogeneización y consenso que introducía la pequeña pantalla tradicional.”En lugar de presentar al telespectador como una víctima del efecto embrutecedor de la caja de imágenes, como un drogadicto del empleo excesivo de la máquina de viajar en la propia mente, queremos verlo como alguien que construye su programa entre las múltiples solicitaciones de la parrilla ofrecida...” [16] .
La situación de la audiencia ante el nuevo tipo de televisión desarrollado por la tecnología digital y su aplicación al cable y al satélite, es de base muy diferente a la que tenía con la televisión tradicional. Se encuentra ante un nuevo producto televisivo, más amplio, más especializado, donde tiene mayores posibilidades de encontrar lo que desea y de comunicarse bilateralmente. “Emerge así un telespectador activo, protagonista, capaz de elegir y de resistir” [17] .
Por otra parte la propia sociedad evoluciona a favor de los nuevos tiempos audiovisuales, si la televisión ha sido siempre un elemento clave dentro de nuestras actividades de entretenimiento, hay que añadir que debido al desarrollo de las comunicaciones el hogar se convierte en un lugar de trabajo y estudio, esto no sólo nos sitúa más tiempo dentro del entorno cercano de la televisión, sino que además aumenta el tiempo dedicado al ocio al disminuir los desplazamientos, la informatización de las tareas, etc.
Cable y satélite ¿competencia por las mismas audiencias?
“La lucha encarnizada por las audiencias caracteriza poderosamente la televisión de nuestros días. El término audiencia se ha convertido en sinónimo de tiranía para los creadores, de obsesión para los programadores,...” [18] . Cable y satélite son términos que compiten en protagonismo, y aunque por los acontecimientos más recientes el satélite parece haberse impuesto, no hay que pasar por alto las posibilidades interactivas que brinda el canal retorno en la televisión por cable y que sin duda ofrece unos márgenes reales de participación a la audiencia que va más allá de la interactidad relativa del satélite. Sobre todo en su unión con la oferta de telefonía, el cable promete establecer una fuerte competencia. Este servicio añadido va a ser un elemento importante a la hora de evaluar la capacidad de desarrollo de las redes de cable. Tal y como ha ocurrido en Gran Bretaña, puede suponer la rentabilización de las inversiones y un reclamo muy efectivo de abonados.
En muchos casos son dos medios de transmitir la misma oferta audiovisual, los mismos paquetes de canales. ¿Se trata por tanto de dos elementos de transmisión diferentes de los mismos contenidos?. Hasta el momento ha sido así pero la introducción de los canales retorno y la llegada de la interactividad colocará a la tecnología del cable en un lugar preferente frente a la pseudointeractividad del satélite. Las nuevas aplicaciones apuestan por colocar a la cabeza a la televisión por cable que puede hacer algo más que revolucionar la industria del entretenimiento. El satélite ofrece mucho más de lo que ya conocemos, el cable ofrece algo diferente a lo que hasta el momento estamos acostumbrados a ver.
Aunque la tecnología digital se asocia en un primer momento a la televisión por satélite debido al desarrollo de los acontecimientos en nuestro país, no es un sistema tecnológico restringido a este campo ni mucho menos. Es más, las posibilidades que ofrece se multiplican en el caso de la televisión por cable. En ambas aplicaciones supone la posibilidad de aumentar la oferta televisiva, haciendo técnica y económicamente posible la multiplicación del número de canales. Pero si en el sector del entretenimiento todos los tipos de televisión se ven mejorados con la llegada de la digitalización, sólo la televisión por cable da cabida a determinados servicios de valor añadido asociados a la revolución interactiva.
Si las televisiónes por satélite o terrena se basan en un sistema punto-multipunto, es decir desde un centro emisor a muchos receptores sin posibilidad de comunicación retorno, la televisión por cable se estructura en un diseño bidireccional. La comunicación ya no sólo se produce desde la cabecera a los abonados, también estos pueden dirigirse de forma directa hacia el panel central para enviar sus peticiones. El cambio de redes analógicas a modernas redes de fibra óptica multiplica las posibilidades y da a la comunicación un empuje de alta velocidad. Con ello consigue la verdadera televisión interactiva, la que se produce dentro de un tiempo real.
En la televisión satélite o terrena la interactividad es sólo un sueño, la posibilidad de un canal de retorno vía teléfono, móvil, radio, etc. sólo da cabida a una pseudointeractividad que no se produciría en tiempos reales. De ahí que la revolución venga marcada no tanto por la multiplicación de canales, al fin y al cabo es el desarrollo hasta puntos ilimitados de algo ya existente, como por la creación de un nuevo tipo de servicios hasta ahora no existentes [19] . Desde este punto de vista el cable y su desarrollo con las fibras ópticas y las técnicas digitales marcarían la pauta.
La televisión interactiva, el vídeo bajo demanda, el vídeo a la carta, los teleservicios bidireccionales y la telefonía digital de alta velocidad, sólo son posibles a través de un sistema de cable digital. El satélite da opción tan sólo a una televisión pseudointeractiva, la cual permite elegir determinadas opciones pero no participar de forma inmediata en una comunicación directa con la central, también es posible ofrecer determinados teleservicios de manera unidireccional pero no posibilita otro tipo de actividades como los videojuegos.
Como conclusión, si bien es cierto que la tecnología digital aplicada al satélite multiplica de forma increíble el número de canales, haciendo posible la creación de programas específicos para sectores de la población con unos gustos e intereses concretos, plantea sin duda una serie de inconvenientes. Cabe preguntarnos ¿existe programación suficiente para cubrir tantas horas de televisión, programación que tenga unos niveles mínimos de calidad, sin repetir en exceso los contenidos y dentro de unos márgenes de rentabilidad aceptables?
Además, si el número de canales se puede multiplicar con los nuevos sistemas digitales no ocurre lo mismo con las horas que el espectador pasa ante un televisor. El abonado, por tanto, sólo estará interesado en adquirir los derechos de visualización de determinados canales que le interesan y además tiene tiempo para ver, esto determinará el precio que esté dispuesto a pagar por el paquete en conjunto.
Por eso, aunque el mercado de entretenimiento está sufriendo giros copernicanos, la verdadera revolución digital supone un cambio en el propio telespectador que se vuelve más activo ante la pantalla, teniendo la posibilidad de crearse su propia programación. Se trata de la revolución interactiva, fenómeno asociado a la capacidad de vía retorno, fenómeno asociado en última instancia de forma más radical a la tecnología del cable.
Notas
[1] “Económicamente, la tecnología modifica las condiciones de producción y, comunicativamente, influye en los procesos de información; como es el caso de la televisión, su alcance ha de deducirse de su relación con el contexto histórico de las tecnologías y a partir de las modificaciones que introduce en los tópicos del sistema cultual con el interactúa...”. SÁNCHEZ, Enrique: “Revisando la televisión política, educación y efectos”, en revista Telos, número 40, diciembre 1994 (pág.147).
[2] CAMPO VIDAL, Manuel: La transición audiovisual pendiente. Ediciones B, Madrid 1996 (pág. 24).
[3] “El espacio para telecomunicar y los vectores de la telecomunicación no son un recurso ilimitado: la codificación digital afronta directamente este problema”. Gaetano Stucchi: “Innovación Tecnológica y mercado audiovisual en Europa” en revista Telos, número 39, septiembre 1994 (pág. 81).
[4] “La multiplicación de los operadores de televisión ha causado inevitablemente el fin del fácil poder absoluto del que disponía la programación del monopolio,...”. RIZA Nora: Construire palinsesti. Nuova ERI. Torino, 1989 (pág. 11).
[5] Tejerina, José luis: Tendencias. Las nuevas fronteras de los medios. Informes anuales Fundesco, Madrid 1995 (pág. 179).
[6] “Si al principio el fútbol fue una distracción televisiva barata, se ha convertido en nuestros días en un objeto codiciado por las distintas cadenas, porque mueve mucho dinero y atrae a las audiencias, por cierto más que los telediarios y las películas”. DEL REY MORATÓ, Javier: El naufragio del periodismo en la era de la televisión. Editorial Fragua, Madrid 1998 (pág. 145).
[7] DEL REY MORATÓ, Javier: El naufragio del periodismo en la era de la televisión. Editorial Fragua, Madrid 1998 (pág. 275).
[8] “Reaparece así, sobre las bases de nuevas motivaciones tecnológicas y apremiantes necesidades de desarrolllo, el viejo sueño de una normalización planetaria de las comunicaciones y los consumos culturales, que en el mito de la Aldea Global había retomado la hipótesis de un diálogo cada vez más íntimo entre los continentes y los pueblos de la tierra”. STUCCHI, Gaetano: “Innovación tecnológica y mercado audiovisual en Europa” en revista Telos, número 39, septiembre 1994 (pág. 80).
[9] “Porque aunque se desmonten las antenas parabólicas para que los ciudadanos del mundo islámico no reciban perversas emisiones del mundo occidental, ya saben los mejicanos desocupados del Sur de Río Grande que pueden tener mejores oportunidades en Estados Unidos, como supieron los ciudadanos del Este de Europa que se vivía mejor al otro lado del Telón de Acero”. CMAPO VIDAL, Manuel: La transición audiovisual pendiente. Ediciones B, Madrid 1996 (pág. 27).
[10] “En la década de los setenta Comunicación XXI incluía una noticia que decía que los indios de las reservas canadienses habían volado los repetidores de la televisión nacional para defender su cultura”. DEL RIO PEREDA, Pablo: Psicología de los medios de comunicación. Editorial Síntesis, Madrid 1996 (pág. 354).
[11] Con esta frase da título Manuel Vázquez Montalbán al prólogo del libro Crítica de la seducción mediática de José Luis Sánchez Noriega, en donde dice”El análisis crítico de los sistemas de información y de la industria cultural del espíritu, permite a Sánchez Noriega establecer una fenomenología de la realidad, de la realidad real y de la realidad que sólo aspira a ser real a través del soporte de la industria cultural o mediática audiovisual”. Tecnos, Madrid 1997 (pág. 13).
[12] DEL RIO PEREDA, Pablo: Psicología de los medios de comunicación. Editorial Síntesis, Madrid 1996 (pág. 342).
[13] DÍAZ NOSTY, Bernardo: “Televisión, lo que hay que ver..”, en Comunicación Social 1995. Tendencias. Las nuevas fronteras de los medios. Informes Anuales Fundesco, Madrid 1994 (pág. 133).
[14] “Un auténtico cambio paradigma".
[15] “La cuestión clave no es tanto establecer si una audiencia es activa, sino, sobre todo, si esa actividad es significativa” [15].
[16] LAFRANCE, Jean-Paul: “La televisión y su público” en revista Telos. Número 39, septiembre 94 (pág. 15).
[17] LAFRANCE, Jean-Claude, “La televisión y su público”, en Telos, número 39, septiembre 1994 (pág. 14).
[18] Amparo Huertas: Como se miden las audiencias en televisión. Editorial CIMS 97, Barcelona 1997 (pág. 9).
[19] “La introducción de la tecnología digital en el cable (...) hacen posible la oferta de servicios interactivos personalizados sobre el cable, tales como el NVOD, pay per view, la telecompra, la telebanca y las noticias a la carta”. Golderos, Antonio: “Las tecnologías multimedia en la comunicación social” en Comunicación social 1995. Tendencias. Las nuevas fronteras de los medios. Informes anuales Fundesco, Madrid 1995 (pág. 176).
No es sólo una evolución cuantitativa, mayor cantidad de canales [3] , es sobre todo una evolución cualitativa, una nueva situación del receptor, nuevos retos a tener en cuenta por parte de las empresas de comunicación y la definición de un nuevo profesional preparado para moverse dentro de las nuevas exigencias que imponen la “especialización” de canales, la “fragmentación” de las audiencias y el no poder olvidar a un auditorio que ha conquistado su derecho a seleccionar sus propios contenidos.
Pero la clave del éxito o fracaso de la introducción de las innovaciones está no sólo en el poder de adopción rápida de las nuevas tecnologías, sino, sobre todo, en la capacidad de llenar esos grandes espacios tecnológicos con una producción variada, de calidad, competitiva, para que pueda sobrevivir en el panorama de liberalización que se vislumbra, ya que si antes la escasez de frecuencias obligaba a un estricto control, ahora con las fibras ópticas y la tecnología digital la capacidad de multiplicar los canales se hace enorme y se adivina que quizá las únicas leyes que terminen imponiéndose sea las de las propias audiencias y la tiranía de sus gustos [4].
La nueva televisión que se avecina
En España hemos pasado en pocos años de la oferta de dos canales a la multiplicación de las emisiones televisivas. De la televisión Generalista a la televisión temática donde el elemento de selección y elección pasa de manos del emisor a ser parte de las competencias de una audiencia que tecnológicamente va a tener mucho más poder de participación.
Pero si el nacimiento primero de las televisiones autonómicas y posteriormente de los canales privados ponen en entredicho la supervivenica de la televisión pública que hasta ese momento no tiene que hacer frente a una competencia tan feroz, el nuevo panorama televisivo obliga a las empresas a subirse al carro tenológico no ya como opción a tener en cuenta, sino en una aptitud de obligada defensa ante la brutal lucha por conquistar audiencias y por el enfrentamiento a un receptor más selectivo, participativo, con mayores opciones audiovisuales.
La televisión en esta dura lucha por cotas de mercado está dejando de ser sólo un elemento de entretenimiento definiendo promesas de servicios añadidos, canales retorno, etc, en su diálogo creciente con el teléfono y el ordenador. Es el margen de diferencia que quieren añadir los nuevos agentes de televisión por cable en su ambición de crear un producto competitivo que sepa defenderse en una actualidad audiovisual difícil.
Pero pese al cambio tecnológico y a sus evidentes avances, se perfilan inconvenientes dentro de un mercado aún inmaduro para este tipo de productos. “Si algo caracteriza la evolución tecnológica en el sector audiovisual es el cambio acelerado a la tecnología digital, con una rapidez muy superior a la que el mercado puede aceptar” [5] . Se pone precio a un producto que el telespectador no está acostumbrado a pagar, se multiplica la necesidad de producción para llenar los grandes espacios televisivos, y se ponen trabas al acceso inmediato con las necesidades de cableado, televisores digitales, descodificadores, inversiones iniciales, etc.
Todos estos inconvenientes aumentan la necesidad de ofrecer una television lo suficientemente atractiva para motivar el esfuerzo inicial. Aún no está definido el número de canales ideal para formar parte de un paquete básico competitivo y a la vez rentable. Los productos más exitosos sin embargo, no hay duda que son los deportes, concretamente el fútbol [6] , los estrenos de cine, y ya en un escalón inferior los documentales, canales infantiles, canales musicales, toros, informática, etc.
Todo este panorama está influiyendo en la actitud a tomar por el resto del mercado audiovisual el “cable y la televisión digital _ por satélite y por estaciones terrestres_, están cambiando totalmente el mapa actual de la televisión generalista, y también la estrategia de la televisión pública, que tendrá que orientarse hacia un servicio público de calidad, centrado en la información, en la cultura, y en un entretenimiento competitivo, que no necesite recurrir a la telebasura para competir” [7] .
De un público local a un público universal
Destacar que cable y satélite son tecnologías que surgieron con espíritus muy diferentes, la televisión por cable surge de la mano de los llamados “vídeos comunitarios”, con ofertas audiovisuales muy restringidas, públicos básicamente de carácter local, evocando entornos cercanos física y culturalmente. El satélite, sin embargo, es un intento de acercar paisajes lejanos que no posibilitan las tecnologías tradicionales, dentro de la dinámica globalizadora a la que se tiende [8] . Con el nuevo panorama audiovisual ambas tecnologías se van acercando y complementando, por un lado el sistema de transmisión por cable añade la oferta temática del satélite y se beneficia empresarialmente de este elemento añadido, haciendo más competitiva su oferta y haciendo factible económicamente canales locales que de otra forma siempre resultaron deficitarios. Ahora el nuevo telespectador tiene acceso tanto a realidades locales y regionales, como a culturas alejadas muy diferentes a la suya, a través de la unión de tecnologías que pueden llegar a ser complementarias y que hacen posible a la vez acercar al espectador a su propia realidad más que nunca pese a tratarse de un fenómeno tecnológico encuadrado en el discurso de la globalización.
Si la televisión ha sido desde un primer momento un elemento de intercambio cultural [9] por su capacidad de situarnos en otros entornos, el fenómeno de especialización que se está produciendo en las nuevas ofertas audiovisuales unido a la multiplicaciçón de canales, hace posible la selección de contenidos e influencias dentro de nuestra línea cultural, nuestra lengua y acorde con intereses propios. Si ya no está la audiencia sometida a la tendencia homogeneizadora de la televisión generalista, a la influencia de la cultura mayoritaria, en relación a determinadas minorías de los paises se producirá una mayor lentitud en la adaptación a la cultura mayoritaria dado el papel determinante de los medios audiovisuales en este proceso [10] . Como sería el ejemplo del aprendizaje del idioma y parámetros culturales de los hispanos que viven en EEUU. Aunque por otra parte podemos saber más de las formas de vida de otros paises, acceder al conocimiento de otros idiomas diferentes al nuestro, preservar y comunicar las tradiciones locales.
De un público pasivo a un público interactivo: contra una cultura del consentimiento [11]
“Hay toda una tradición de reflexiones en la línea de que un medio frío como la televisión nos lo da todo hecho y deja poco espacio a la imaginación (McLuhan, 1964)” [12] . Pero probablemente estos autores darían un giro a sus teorías ante el nuevo panorama audiovisual que se empieza a definir.
Si “el actual modelo audiovisual, en el que se aprecia una profunda asimetría a favor de los agentes emisores, prácticamente ignora a las audiencias, más allá de su consideración estadística, que uniformiza en ejércitos de consumidores al 20 ó 30 por ciento de una población” [13] , el modelo que empieza a abrirse paso, impone la fuerza del receptor como propio creador de su programa, como elemento activo y participativo, técnica y culturalmente.
La posición de la audiencia cambia ante la nueva televisión [14] . No tenemos ya un público pasivo que se limita a recibir los contenidos que otros organizan por él. Estamos ante una televisión interactiva [15] , donde el abonado diseña su propia programación, una televisión a la carta que elimina los elementos de homogeneización y consenso que introducía la pequeña pantalla tradicional.”En lugar de presentar al telespectador como una víctima del efecto embrutecedor de la caja de imágenes, como un drogadicto del empleo excesivo de la máquina de viajar en la propia mente, queremos verlo como alguien que construye su programa entre las múltiples solicitaciones de la parrilla ofrecida...” [16] .
La situación de la audiencia ante el nuevo tipo de televisión desarrollado por la tecnología digital y su aplicación al cable y al satélite, es de base muy diferente a la que tenía con la televisión tradicional. Se encuentra ante un nuevo producto televisivo, más amplio, más especializado, donde tiene mayores posibilidades de encontrar lo que desea y de comunicarse bilateralmente. “Emerge así un telespectador activo, protagonista, capaz de elegir y de resistir” [17] .
Por otra parte la propia sociedad evoluciona a favor de los nuevos tiempos audiovisuales, si la televisión ha sido siempre un elemento clave dentro de nuestras actividades de entretenimiento, hay que añadir que debido al desarrollo de las comunicaciones el hogar se convierte en un lugar de trabajo y estudio, esto no sólo nos sitúa más tiempo dentro del entorno cercano de la televisión, sino que además aumenta el tiempo dedicado al ocio al disminuir los desplazamientos, la informatización de las tareas, etc.
Cable y satélite ¿competencia por las mismas audiencias?
“La lucha encarnizada por las audiencias caracteriza poderosamente la televisión de nuestros días. El término audiencia se ha convertido en sinónimo de tiranía para los creadores, de obsesión para los programadores,...” [18] . Cable y satélite son términos que compiten en protagonismo, y aunque por los acontecimientos más recientes el satélite parece haberse impuesto, no hay que pasar por alto las posibilidades interactivas que brinda el canal retorno en la televisión por cable y que sin duda ofrece unos márgenes reales de participación a la audiencia que va más allá de la interactidad relativa del satélite. Sobre todo en su unión con la oferta de telefonía, el cable promete establecer una fuerte competencia. Este servicio añadido va a ser un elemento importante a la hora de evaluar la capacidad de desarrollo de las redes de cable. Tal y como ha ocurrido en Gran Bretaña, puede suponer la rentabilización de las inversiones y un reclamo muy efectivo de abonados.
En muchos casos son dos medios de transmitir la misma oferta audiovisual, los mismos paquetes de canales. ¿Se trata por tanto de dos elementos de transmisión diferentes de los mismos contenidos?. Hasta el momento ha sido así pero la introducción de los canales retorno y la llegada de la interactividad colocará a la tecnología del cable en un lugar preferente frente a la pseudointeractividad del satélite. Las nuevas aplicaciones apuestan por colocar a la cabeza a la televisión por cable que puede hacer algo más que revolucionar la industria del entretenimiento. El satélite ofrece mucho más de lo que ya conocemos, el cable ofrece algo diferente a lo que hasta el momento estamos acostumbrados a ver.
Aunque la tecnología digital se asocia en un primer momento a la televisión por satélite debido al desarrollo de los acontecimientos en nuestro país, no es un sistema tecnológico restringido a este campo ni mucho menos. Es más, las posibilidades que ofrece se multiplican en el caso de la televisión por cable. En ambas aplicaciones supone la posibilidad de aumentar la oferta televisiva, haciendo técnica y económicamente posible la multiplicación del número de canales. Pero si en el sector del entretenimiento todos los tipos de televisión se ven mejorados con la llegada de la digitalización, sólo la televisión por cable da cabida a determinados servicios de valor añadido asociados a la revolución interactiva.
Si las televisiónes por satélite o terrena se basan en un sistema punto-multipunto, es decir desde un centro emisor a muchos receptores sin posibilidad de comunicación retorno, la televisión por cable se estructura en un diseño bidireccional. La comunicación ya no sólo se produce desde la cabecera a los abonados, también estos pueden dirigirse de forma directa hacia el panel central para enviar sus peticiones. El cambio de redes analógicas a modernas redes de fibra óptica multiplica las posibilidades y da a la comunicación un empuje de alta velocidad. Con ello consigue la verdadera televisión interactiva, la que se produce dentro de un tiempo real.
En la televisión satélite o terrena la interactividad es sólo un sueño, la posibilidad de un canal de retorno vía teléfono, móvil, radio, etc. sólo da cabida a una pseudointeractividad que no se produciría en tiempos reales. De ahí que la revolución venga marcada no tanto por la multiplicación de canales, al fin y al cabo es el desarrollo hasta puntos ilimitados de algo ya existente, como por la creación de un nuevo tipo de servicios hasta ahora no existentes [19] . Desde este punto de vista el cable y su desarrollo con las fibras ópticas y las técnicas digitales marcarían la pauta.
La televisión interactiva, el vídeo bajo demanda, el vídeo a la carta, los teleservicios bidireccionales y la telefonía digital de alta velocidad, sólo son posibles a través de un sistema de cable digital. El satélite da opción tan sólo a una televisión pseudointeractiva, la cual permite elegir determinadas opciones pero no participar de forma inmediata en una comunicación directa con la central, también es posible ofrecer determinados teleservicios de manera unidireccional pero no posibilita otro tipo de actividades como los videojuegos.
Como conclusión, si bien es cierto que la tecnología digital aplicada al satélite multiplica de forma increíble el número de canales, haciendo posible la creación de programas específicos para sectores de la población con unos gustos e intereses concretos, plantea sin duda una serie de inconvenientes. Cabe preguntarnos ¿existe programación suficiente para cubrir tantas horas de televisión, programación que tenga unos niveles mínimos de calidad, sin repetir en exceso los contenidos y dentro de unos márgenes de rentabilidad aceptables?
Además, si el número de canales se puede multiplicar con los nuevos sistemas digitales no ocurre lo mismo con las horas que el espectador pasa ante un televisor. El abonado, por tanto, sólo estará interesado en adquirir los derechos de visualización de determinados canales que le interesan y además tiene tiempo para ver, esto determinará el precio que esté dispuesto a pagar por el paquete en conjunto.
Por eso, aunque el mercado de entretenimiento está sufriendo giros copernicanos, la verdadera revolución digital supone un cambio en el propio telespectador que se vuelve más activo ante la pantalla, teniendo la posibilidad de crearse su propia programación. Se trata de la revolución interactiva, fenómeno asociado a la capacidad de vía retorno, fenómeno asociado en última instancia de forma más radical a la tecnología del cable.
Notas
[1] “Económicamente, la tecnología modifica las condiciones de producción y, comunicativamente, influye en los procesos de información; como es el caso de la televisión, su alcance ha de deducirse de su relación con el contexto histórico de las tecnologías y a partir de las modificaciones que introduce en los tópicos del sistema cultual con el interactúa...”. SÁNCHEZ, Enrique: “Revisando la televisión política, educación y efectos”, en revista Telos, número 40, diciembre 1994 (pág.147).
[2] CAMPO VIDAL, Manuel: La transición audiovisual pendiente. Ediciones B, Madrid 1996 (pág. 24).
[3] “El espacio para telecomunicar y los vectores de la telecomunicación no son un recurso ilimitado: la codificación digital afronta directamente este problema”. Gaetano Stucchi: “Innovación Tecnológica y mercado audiovisual en Europa” en revista Telos, número 39, septiembre 1994 (pág. 81).
[4] “La multiplicación de los operadores de televisión ha causado inevitablemente el fin del fácil poder absoluto del que disponía la programación del monopolio,...”. RIZA Nora: Construire palinsesti. Nuova ERI. Torino, 1989 (pág. 11).
[5] Tejerina, José luis: Tendencias. Las nuevas fronteras de los medios. Informes anuales Fundesco, Madrid 1995 (pág. 179).
[6] “Si al principio el fútbol fue una distracción televisiva barata, se ha convertido en nuestros días en un objeto codiciado por las distintas cadenas, porque mueve mucho dinero y atrae a las audiencias, por cierto más que los telediarios y las películas”. DEL REY MORATÓ, Javier: El naufragio del periodismo en la era de la televisión. Editorial Fragua, Madrid 1998 (pág. 145).
[7] DEL REY MORATÓ, Javier: El naufragio del periodismo en la era de la televisión. Editorial Fragua, Madrid 1998 (pág. 275).
[8] “Reaparece así, sobre las bases de nuevas motivaciones tecnológicas y apremiantes necesidades de desarrolllo, el viejo sueño de una normalización planetaria de las comunicaciones y los consumos culturales, que en el mito de la Aldea Global había retomado la hipótesis de un diálogo cada vez más íntimo entre los continentes y los pueblos de la tierra”. STUCCHI, Gaetano: “Innovación tecnológica y mercado audiovisual en Europa” en revista Telos, número 39, septiembre 1994 (pág. 80).
[9] “Porque aunque se desmonten las antenas parabólicas para que los ciudadanos del mundo islámico no reciban perversas emisiones del mundo occidental, ya saben los mejicanos desocupados del Sur de Río Grande que pueden tener mejores oportunidades en Estados Unidos, como supieron los ciudadanos del Este de Europa que se vivía mejor al otro lado del Telón de Acero”. CMAPO VIDAL, Manuel: La transición audiovisual pendiente. Ediciones B, Madrid 1996 (pág. 27).
[10] “En la década de los setenta Comunicación XXI incluía una noticia que decía que los indios de las reservas canadienses habían volado los repetidores de la televisión nacional para defender su cultura”. DEL RIO PEREDA, Pablo: Psicología de los medios de comunicación. Editorial Síntesis, Madrid 1996 (pág. 354).
[11] Con esta frase da título Manuel Vázquez Montalbán al prólogo del libro Crítica de la seducción mediática de José Luis Sánchez Noriega, en donde dice”El análisis crítico de los sistemas de información y de la industria cultural del espíritu, permite a Sánchez Noriega establecer una fenomenología de la realidad, de la realidad real y de la realidad que sólo aspira a ser real a través del soporte de la industria cultural o mediática audiovisual”. Tecnos, Madrid 1997 (pág. 13).
[12] DEL RIO PEREDA, Pablo: Psicología de los medios de comunicación. Editorial Síntesis, Madrid 1996 (pág. 342).
[13] DÍAZ NOSTY, Bernardo: “Televisión, lo que hay que ver..”, en Comunicación Social 1995. Tendencias. Las nuevas fronteras de los medios. Informes Anuales Fundesco, Madrid 1994 (pág. 133).
[14] “Un auténtico cambio paradigma".
[15] “La cuestión clave no es tanto establecer si una audiencia es activa, sino, sobre todo, si esa actividad es significativa” [15].
[16] LAFRANCE, Jean-Paul: “La televisión y su público” en revista Telos. Número 39, septiembre 94 (pág. 15).
[17] LAFRANCE, Jean-Claude, “La televisión y su público”, en Telos, número 39, septiembre 1994 (pág. 14).
[18] Amparo Huertas: Como se miden las audiencias en televisión. Editorial CIMS 97, Barcelona 1997 (pág. 9).
[19] “La introducción de la tecnología digital en el cable (...) hacen posible la oferta de servicios interactivos personalizados sobre el cable, tales como el NVOD, pay per view, la telecompra, la telebanca y las noticias a la carta”. Golderos, Antonio: “Las tecnologías multimedia en la comunicación social” en Comunicación social 1995. Tendencias. Las nuevas fronteras de los medios. Informes anuales Fundesco, Madrid 1995 (pág. 176).
Fuente
Página web de Redcom
Manuel Frascaroli es becario de investigación de la Agencia Córdoba Ciencia, periodista y docente universitario.
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