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Socialización de género durante la adolescencia en países de bajos y medianos ingresos

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''Al enfocar la atención en el proceso de socialización de género entre los adolescentes, es posible reorientar los esfuerzos de intervención, teniendo en cuenta cómo los jóvenes imaginan su transición a la edad adulta. En lugar de reproducir la desigualdad de género, las niñas y los niños pueden trabajar para transformar los sistemas, roles e identidades de género".

Este artículo publicado por el Centro Internacional para la Investigación de la Mujer (ICRW) y la Oficina de Investigación de Innocenti (UNICEF), ofrece una visión general del proceso de socialización de género durante la adolescencia, desde sus fundamentos teóricos básicos hasta las intervenciones contemporáneas que pretenden influir en aquella. Los autores exploran teorías disciplinarias como la psicología, sociología y biología con el objetivo de captar lo que estas han investigado sobre socialización del género, sus influencias y resultados. Para lo anterior, desarrollan un marco socio-ecológico que reúne los principales factores que influyen en el proceso de socialización y sus resultados, proporcionando sugerencias prácticas sobre cómo utilizar el conocimiento en el diseño de políticas y programas para mejorar la igualdad de género.

El documento define la socialización de género como "un proceso mediante el cual los individuos desarrollan, afinan y aprenden a interiorizar practicas asociadas al tema de género a través de la internalización de normas y roles, producto de la interacción con agentes de socialización entre los cuales están su familia, las redes sociales y otras instituciones sociales". Este proceso comienza tan pronto como nacen los niños (a veces incluso en el útero); a medida que los niños crecen, la lista de personas que comunican lo que constituye una conducta de género apropiada para ellos se expande más allá de la familia e incluye compañeros, maestros, líderes comunitarios, figuras públicas y muchos más.

Los niños no permanecen pasivos en este proceso y ellos mismos internalizan las identidades de género y hacen cumplir las normas y expectativas en su interacción con los demás. La adolescencia, siendo el puente entre la infancia y la edad adulta, se describe como un período crítico durante el cuál muchos de los resultados de la desigualdad de género se manifiestan o intensifican. Las desventajas experimentadas por las niñas adolescentes incluyen prácticas nocivas y resultados negativos como el matrimonio de niños, la mutilación / corte genital femenino, el embarazo en la adolescencia, la deserción escolar y una alta prevalencia del VIH (UNICEF, 2014, Organización Mundial de la Salud, 2016). La adolescencia es también un período en el que junto con el rápido desarrollo físico, sexual y cerebral se intensifica la formación de creencias y actitudes de género. Por lo tanto, UNICEF y otros han llegado a ver la adolescencia como una "segunda ventana de oportunidades" para redirigir las internalización de creencias negativas y comenzar un nuevo proceso que conduzca a resultados positivos para todos.

Para explicar cómo esto ocurre, en la segunda parte del artículo, se sitúa el proceso de socialización de género durante la adolescencia dentro de un contexto social, cultural, económico y político más amplio, donde es influenciado por un conjunto de múltiples niveles y relación de determinantes. Los investigadores introducen un marco conceptual (ver Figura 2, página 19) que reúne el proceso de socialización de género con los principales factores que influyen en él, así como los indicadores y resultados del proceso. Entre los niveles de influencia están: 

  1. El nivel estructural, que se refiere a los valores y prácticas sociales, estructuras políticas y condiciones socioeconómicas, medios globales y fuentes de información que ejercen influencia en el nivel más amplio de la sociedad. Los factores de nivel estructural determinan la distribución de los recursos según género y cómo el estado y poder relativos afectarán potencialmente las circunstancias personales y las oportunidades de la vida del individuo, así como impondrán restricciones al comportamiento. 
  2. El nivel socio-interactivo constituye el microambiente en el que los individuos viven su vida diaria y aprenden las normas de género, las prácticas y los roles de género apropiados de su comunidad a través de interacciones cotidianas con los agentes e instituciones que configuran la socialización de género. Los agentes de socialización durante la adolescencia incluyen a la familia y los padres, instituciones sociales como escuelas y cuerpos religiosos, redes sociales como el grupo de compañeros, los medios de comunicación locales y la comunidad / vecindario. Además de las oportunidades para practicar comportamientos y adquirir conocimientos sobre las normas de género prevalentes, estas interacciones cotidianas también familiarizan a los individuos con los incentivos y no incentivos vinculados a comportamientos específicos en su entorno social. 
  3. El nivel individual en el que a través de las interacciones y observaciones de los comportamientos de los demás, las niñas y los niños pasan por un proceso de auto-socialización y comienzan a hacer suposiciones y deducciones sobre el significado y las consecuencias de los comportamientos basados en el género.

En la tercera sección del artículo se examina cómo puede producirse el cambio, tanto en términos de las normas transmitidas y reforzadas a través del proceso de socialización de género, como en el propio proceso. Los investigadores revisan los cambios demográficos, los medios globales y las oportunidades económicas asociadas al género para entender cómo el proceso de socialización y las normas e identidades se han transformado a nivel macro. Por ejemplo: "Además de una mayor interconexión en la esfera económica, los avances en la tecnología de la información en todo el mundo han hecho de los diferentes tipos de medios, transmisores importantes de normas y comportamientos de género alternativos''.

Los investigadores comparten los resultados de una revisión de la literatura de las intervenciones del programa que han intentado cambiar las actitudes y comportamientos de género en los niveles individual y socio-interaccional. El documento identifica 31 programas evaluados y agrupa las estrategias que emplearon para hacer recomendaciones para una programación más holística. La revisión identificó tres estrategias amplias utilizadas por estos programas: 

  1. Empoderar a los jóvenes (principalmente las niñas) con información, habilidades y apoyo social para desafiar las normas.
  2. Fomentar un entorno propicio para cuestionar las normas de género. 
  3. Trabajar con hombres y niños para cambiar actitudes y creencias.

Además, se describen estas estrategias con mayor detalle en la Parte III del documento, proporcionando ejemplos específicos sobre cómo los programas los han utilizado para cambiar las actitudes y comportamientos de género. "La mayoría de los programas vieron cambios significativos en las actitudes, pero en general hubo cambios mucho más pequeños en los comportamientos, posiblemente porque estos son más lentos para llevar a cabo y requerirían estudios más extensos para identificarlos ... Estos hallazgos sugieren fuertemente que es bueno centrarse en el cambio de actitudes y creencias individuales en el nivel social-interaccional. Para lograr un mayor impacto, estos esfuerzos deben ser apoyados o aprovecharse de cambios a nivel estructural "(páginas 34-35).

Los investigadores afirman que "a fin de maximizar y ampliar su impacto, los esfuerzos de política y programación deberán ser cuidadosamente posicionados dentro del panorama más amplio capturado en el marco conceptual y las intervenciones tendrán que tener una coordinación más efectiva para complementarse mutuamente".

Por último, el documento ofrece recomendaciones para una política más holística y los esfuerzos de programación en torno a la socialización de género en la adolescencia. Los investigadores sugieren:

  • Establecer un entorno jurídico y político que complemente y aproveche los elementos del cambio estructural, los cuáles a su vez permitan cambios más amplios hacia la equidad y la igualdad de género.
  • Estructurar y diseñar intervenciones para transformar patrones de conducta asociados al género que se relacionen directamente con cambios estructurales. Por ejemplo, las intervenciones de los medios de comunicación de masas pueden tener más impacto si las narraciones retratadas reflejan una realidad factible y presentan soluciones para los desafíos "reales" experimentados por la audiencia deseada. Es decir, programas como Sexto Sentido y Entre Amigas, que entregan mensajes e información sobre salud sexual y reproductiva, pueden ser más efectivos.
  • Desarrollar enfoques dirigidos al curso de vida que tengan en cuenta los cambios biológicos y sociales que tienen lugar durante el proceso de socialización de género en la adolescencia. A medida que los individuos atraviesan las etapas de su curso de vida, están expuestos a diferentes influencias a través de factores como la migración o los medios de comunicación, entre otros.

Para finalizar, los autores reflexionan que "es importante que las políticas y programas que apuntan a influir en el proceso de socialización de género estén enmarcados en formas positivas y orientadas a soluciones que hagan hincapié en los beneficios de la equidad de género para todos los miembros de la sociedad".